La ciudad mítica de los incas, destino obligado del viajero curioso, tiene en Choquequirao a su hermana sagrada.

Adentrándose 115 km en los Andes se erige mágica esta ciudad sagrada. La llegada demanda una travesía estimulante para aquellos viajeros que disfrutan los caminos sinuosos, las largas caminatas y los destinos más reservados.

Después de dos días de caminata y habiendo recorrido 60 km entre selva y montaña, aparece este complejo de templos y terrazas muy similar arquitectónicamente a Machu Picchu. Su carácter oculto y casi privado se contrapone a la masividad que caracteriza a Machu Picchu. De ahí se desprende su carácter sagrado.

Esta ciudad fue un fuerte centro político, religioso y cultural durante el imperio Inca y su ubicación la convertía en un nexo imprescindible entre la costa, la selva y la montaña. Construida para sostener la expansión colonial del imperio entre la segunda mitad del siglo XV y los primeros años del siglo XVI, sirvió de refugio y fue bastión de la resistencia cuando los conquistadores españoles tomaron la ciudad imperial de Cusco. Hoy en día sigue permaneciendo oculta y aislada de los turistas: llegan alrededor de 30 personas por día, por lo que conserva intacto su encanto mágico y ritual.

De la totalidad de 1810 hectáreas que comprenden el complejo apenas el 30% ha sido rescatado, el resto permanece enterrado o cubierto por la espesa vegetación. La ciudad  se encuentra dividida en 9 partes y se ha logrado reconocer la plaza superior, los depósitos, la plaza principal, la plaza inferior, un sistema de andenes para el cultivo, la plataforma ceremonial y una vivienda para sacerdotes. Los cementerios y pinturas encontradas permiten suponer que se trataba del centro religioso más importante del imperio.

 

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